jueves, 30 de abril de 2009

Felicidad

Corre, salta, rie.
Canta, sueña, llora.
Platica, baila, grita.
Golpea, pelea, sufre.
Duerme, despierta, mira.
Gira, conoce, saluda.
Odia, come, flota.
Nada, rema, escucha.
Toma, loquea, marcha.
Fuma, escribe, lee.
¡Se felíz! Se...felíz.

Adán y Eva

Al cobijo de trémulas hojas, de cálidos
altos y fructuosos árboles.
Tirados sobre la hierba llena de vida
los frescos, jovenes y bellos cuerpos
a la espera de la nada, con existencia dulce y salada.
Se yergue la escultural montaña
dejando a la interperie su larga cabellera dorada.
En el lizo y curvilíneo suelo
duerme tranquilo. Sin sueño, sin tiempo. Solo hombre.

Curiosa femenina felina
se acerca a un falo de frutos chapeteados
preguntándose si se sentirá avergonzado.
Toma en sus manos vida que ahora muere
y con lentitud inconciente, sin pensarlo la muerde.

Al que ahora es descanso y después trabajo
Eva le insiste que pruebe aquello que trajo
y a la primera mordida; nace el tiempo.
Los dos cuerpos finamente desnudos y pasmados.
Y cuando Eva se vió ante él expuesta
sin tener ante aquella desnudéz una respuesta
sobre el campo de lirios y rosas se desmayó
mientras que a Adán...Solo se le paró.

Peldaños con alcohol

Encallado en lo profundo del avismo
por debajo de las raudas bolas de nieve
la oscuridad abraza, profunda y tenue.
El sudor de plata
en detritus de temor.
Por ensima de mí el más mínimo rayo de luz
figura como la más ferós bestia de terror.
Me encierro y caigo en lo profundo
por miedo a aquella estrella furtiva.
Transparente como el agua
no quiero salir al lugar que me desterró
y hoy quiere que vuelva como si nada pasó.
Pero para salir de esta programación
se requiere más que amor, fe o compasión.
Se requiere de hacer atractivo el exterior
perfumar la escoria con aroma a algodón
colorear las esquinas de color beso marrón
quitar el odio con el que hoy nos vestimos.
Y así entablar una tarima de acto número dos
barrer los peldaños con estopa y alcohol.
Para al subir por ellos, creer el sueño.
Para al subir por ellos, entrar denuevo al falso juego.
Para al subir por ellos ver las fauces de Ugolina
Como las ojas en los jardines con flores.
Para arrojarme sobre ellos
y pretender que sueño cuando ya estoy muerto.

Yo

Soltando las riendas
de un carruaje de viejas ruedas
nonjugando notas en las liras
de sueños que viajan en tranvías.

Que la voz del viento
y los brazos que ahora siento
me evocan al inicio del cuento
provocando un silencio violento.

Veo en mis manos el trabajo
en mis ojos la juventud que tajo
el soplo perdido en mis labios
mi terquedad en mis paralelos oidos.

La ola, sin sonido, golpea en el risco
y doy al sentido de la vida un mordisco.
Qué amargo el sabor
cuando dulce el sueño de verdor.

Por que el horizonte pinto de color
cuando ya se ha perdido el aroma de la flor
la alegría de la amistad, y su sabor
y lo poco que me queda es la ilusión del amor.

Y miro en el lago que sigo
que vivo, que persisto.
Aunque no se persigo
corro cual poderoso galgo.

Tímido ante lo desconocido
me arrojo a ser un poco más...extrovertido.
a pensar que por más triste hay algo divertido
algo que ante mí sigue escondido.

Para mi yo importo
soy solo un tonto
que en el cielo prendió un foco
el cual se alejó como un globo.

Y aquél grano que de mi sal brotó
es lo que, como Quijote, me alborotó
como violín y llanto me inspiró
y en un rayo de luz dibujado en papel oscuro mi voluntad fijó.

Y allí voy yo
a lo que ayer creé y hoy no sé
arriesgando lo poco de mí
por una chispa de saber vivir.

Sentir

¿Cómo explicar el grito de una flor?
si el lenguaje de la noche
no lo puede comprender ni el sol.

Si el profundo cañón del corazón
no ha podido, por las nubes,
derramar su sangre sobre el telón.

¿De quién han de ser los caracoles
que, como olas, en su memoria guarden
el tono del hastío, del poeta que se alimenta de las noches.

Crayón, tinta, pluma, lápiz. Color
No encuentro en los ojos del tiempo
lo necesario para explicar al mundo.

Mi desesperación, mi alegría, mi amor...mi dolor.

Invierno primaveral

Abrázame en tus notas de sequedad
golpéame con tu inquietante frialdad.
No me olvides orquidea marchita
mata el hastío aquí y ahorita.
A todas aquellas mariposas desfallecidas
por todas las relucientes flores descoloridas.
Que en los lienzos de gritos de silencio
dibujan en sombras de luz un desprecio.
Rondando como notas musicales
de muertas y enlamadas aves.
Están diamantes, pepitas, perlas
que llenan de desgracias con solo verlas.
Volviendo indudablemente a un sucio pantano
donde saltan felices los peces de antaño
escupiendo en el rostro de los hombres
el fuejo de nubes y errores.
Mostrando en invierno cristalizado
como un tiempo sutilmente fraguado
la primavera bañada en su perfume
sin dejar que ésta, entre los ojos, se esfume.

Sabado

Cuando el río de fluir se agotó
la luna, en tiempo muerto, desciende
y es en sus brazos de luz ferviente
que el momento en pequeñas memorias recorto.

Porque aquel es un día especial
de entre seis que agotan cual clima incandeciente
llenando de un río insustancial
a los descoloridos peces del trabajo latente.

Un recorrido que en un pétalo se agota
que en el lazo del parpado termina.
Sin embargo basta con este día de gloria
para compensar aquellos que en la mente clavan una espina.

Es cuando fijo las perlas en el desenfreno
cuando en el libre licor desfiguro mi reflejo
marchando directamente al llegar del sereno
para mostrar el silencio y ver que no me quejo.

¡Ay! de aquel alado rayo del tiempo
donde figuran amor y locura
y ver que no cura la pintura
el olvido del deleite cierto.

Por eso es que Cronos que maneja
de manera eficiente aquel reloj de arena
nos ha dado en un planeado calendario
un día apartado y solitario.

No dejémos un minuto más
salgamos y olvidemos la suciedad
besémonos a la orilla del mar
derribemos todas las notas de la soledad.

¡Animales de la ciudad!
¡Es sábado vamos a festejar!
Olvidemos por hoy la familia, el trabajo
y tomemos para llegar a la felicidad un atajo.

Es sábado vámonos a cojer.
Es sábado vámonos a embriagar.
Es sábado, es tiempo de olvidar.
Es sábado a la vida hay que enloquecer.